El adiós a Mama Piru es el adiós a una parte de la historia de Rapa Nui

  • Lejos de la isla, en el continente, acá donde nos creemos el ombligo del planeta, alguna vez nos impactamos y las noticias contaron de “Una pareja que recoge dos toneladas de basura mensuales en Isla de Pascua”. En otro momento, una revista papel couché intentaba vender su historia calificándola como “La guardiana de los Moais”. Ambos hechos tenían un común denominador: Mama Piru, que acaba de fallecer a los 60 años de edad.

Era una autoridad en Rapa Nui. Allí dejó de llamarse Ida Huke, a pesar de la influencia de su apellido familiar en la vida cultural y política de la isla,  porque todos y todas la conocían como Mamá Piru. Fue una defensora incansable de su pueblo, del paisaje, del medioambiente; pero también del patrimonio pascuense y, además, cultora del Kai Kai, elemento incluido en el registro de patrimonio cultural inmaterial en Chile.

La noticia de su temprana muerte, con solo 60 años de edad, ha golpeado a la comunidad pascuense y a todo el país. La Corporación Cultural de Rapa Nui confirmó su fallecimiento asegurando que “tu fuerza para defender #RapaNui permanecerá”. Desde la red social  Facebook hicieron llegar sus condolencias a la familia por la lamentable perdida y recordaron que “la Mamá Piru se destacó en vida por ser una pionera en la repatriación del patrimonio Rapa Nui repartido por el mundo y fue defensora del medio ambiente, ya que entendía que el amor por esta tierra y la protección de la cultura para las futuras generaciones depende de nuestras acciones hoy”.

Apenas publicada la noticia, decenas de mensajes de dolor y gratitud aparecieron en las redes “Piru Grande…en su sabiduría y autoridad con los valores culturales más grandes de Rapanúi. Salía lejos para defenderla…y en casa era la cariñosa protectora como el ave que cuida la madre a sus hijos. (…) que sigas siendo el centro tierno y sabio en tu hogar”, escribió Gabriel Bizarro. Hugo Baloo le escribía “Mama Piru, gracias por tu entrega sin límites, por la defensa de los derechos de tu etnia, por tu lucha para rescatar el entorno marino, por tus enseñanzas a niños, jóvenes y adultos en tu particular forma, gracias por esa sonrisa amplia. Buen camino, el Gran Creador te recibe con los brazos, Angata está a su lado. Ka oho riva riva Mama Piru”. Rosa Tepano dijo que “La Mama Piru se fue, la Tierra quedó llorando su partida donde ella motiva. En la limpieza y cuidar el medioambiente es mejor regalo que nos dejó”.  Utimi Paoa expresó el sentir de su gente cuando comenta “Una gran pérdida para nuestro pueblo Rapa Nui. Una gran luchadora por conservar nuestra cultura. Nadie puede heredar su Maná. Mamá Piru haka ora koe !!”.

Foto: El Mercurio

En la década del 90, Ida Huke se dio a la tarea de recorrer museos de todo el mundo. En  ese entonces, contó a la prensa, encontró más de mil piezas ceremoniales de su cultura y osamentas. Una vez identificadas, prometió que haría todo lo posible por traerlas de vuelta al sitio al que pertenecían. Durante siglos el patrimonio pascuense fue robado y extraído por foráneos. Uno de los focos principales de esa lucha, fueron los moais. Entre sus metas siempre estuvo el retorno de Hoa Haka Nanai´a, el que se encuentra en el British Museum, para cuya causa encontró apoyo internacional. Actualmente, el Gobierno de Chile se ha comprometido con la misma tarea. En enero de 2018, logró regresar desde Nueva Zelanda 2 cráneos que se encontraban en museos de ese país, marcando como hito la primera vez que Chile realizaba una repatriación patrimonial de este tipo gestionada por la comunidad.

Foto: El Mercurio

A Mama Piru llegaron las fundaciones, los ONG´s, los expertos, los defensores del planeta de todo el mundo, porque Mama Piru se hizo conocida también por querer devolverle a la isla su paisaje natural, libre de plástico, libre de basura. “Yo nací sin basura y quiero vivir sin basura”, dijo a la prensa hace un tiempo cuando llevaba 15 años limpiando la isla.

Junto a Francisco, su pareja de origen francés conocido en la isla como Koro Tutuma (que significa “fuerza”) recogía 2 toneladas mensuales de desechos. Juntos se convirtieron en emblemas del cuidado medioambiental en la zona.

Mama Piru recogiendo basura en la zona de Tongariki. (Claudio Almarza/Oceana/Facebook)

En 2014, Mama Piru apareció en Yorgos, un documental con el cual sus directores hacen un acercamiento tremendamente original y ameno a un complejo conflicto moderno: el difícil equilibrio entre la conservación de la cultura e identidades propias y el avance de los tiempos y el progreso social y económico. 

 

Kai Kai, elemento incluido en el registro de patrimonio inmaterial en Chile

Mama Piru era, además, cultura del Kai Kai, elemento incluido en el registro de patrimonio inmaterial de Chile. El Kai Kai es una forma de expresión tradicional de Rapa Nui, por medio de la cual se ha perpetuado la historia y tradición oral de la isla. Consiste básicamente un juego de hilos realizado por medio de las manos, donde el/la ejecutor/a arma una figura o ideograma, entrelazando los hilos entre los dedos de ambas manos, y a las cuales siempre se asocia un verso recitado llamado pata’u ta’u.

Cada una de estas representaciones está dotada de un carácter mágico y fuerte significado ritual y social. Por medio de ellos se recreaban antiguos cuentos y leyendas o personajes míticos; se traspasaban los conocimientos de ceremonias y ritos vinculados a la arquitectura y tallado monumental, a la agricultura y pesca. Igualmente, sirvieron como instrumentos de control o sanción social, e incluso en algunas ocasiones, se ejecutaban con un claro propósito erótico.

La forma de inicio y armado de las figuras de hilo, se inicia con una posición de partida, conformada por el paso del hilo o cuerda por el dedo pulgar y meñique de ambas manos. Sucesivos movimientos de dedos, a veces auxiliados por los labios, estructuran una figura central, conformada por dos hilos principales: uno superior y otro inferior. El primero, sostenido por el dedo índice o medio y el segundo por el dedo pulgar. La figura final lograda, adquiere una disposición espacial plana o bidimensional, generalmente de forma rectangular, y en algunos casos, es tridimensional en aquellos Kai Kai más complejos como el denominado Ka Tere te Vaka.

Esta figura central, evoca un pasaje o situación representativa de los versos recitados, como por ejemplo, un arcoíris o ave marina como es en el caso de la figuras de los Kai Kai Hanuanua Mea y Kia Kia, respectivamente. La ejecución final conlleva un movimiento acompasado entre la recitación junto a la figura, brazos y cuerpo.

Los hilos o cuerdas para armar las figuras, eran de tres clases: los más comunes, confeccionados a partir de fibras vegetales especiales obtenidas de los arboles llamados hau hau (
Triumfetta semitriloba) y mahute (Broussonetia papyrifera); otros se elaboraron a partir de las hojas de plátano (Hau kakaka); y a veces se usaron los finos hilos de cabellos humanos denominados hiro.

Su aprendizaje y transmisión a través del tiempo, al igual que en el resto de Polinesia, se efectuaba en el seno familiar, eligiéndose a niños o niñas, que presentaban mejores actitudes para el aprendizaje. La enseñanza comenzaba a temprana edad, y los niños y niñas seleccionados, eran rigurosamente entrenados y guiados por los maestros de este arte, antes que fueran instruidos en la sabiduría o conocimientos mayores de la sociedad.

Su práctica se pierde durante la segunda mitad del siglo XIX, probablemente hacia la época de llegada de los barcos esclavistas (1862-63) y primeros misioneros (1864). Sin embargo, la tradición logró sobrevivir a estos acontecimientos, manteniéndose en forma oculta en algunas familias isleñas que lograron traspasar este arte hasta la actualidad.

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