Tito Guzmán: 84 años en el teatrino de la vida

Como mismo se encantó de niño con esta manifestación teatral, Tito usó toda su pasión para transmitir a sus hijos y nietos los saberes y haceres del mundo mágico los muñecos e incorporó a muchos de ellos en una compañía que es artística pero, sobre todo, familiar. Por primera vez, una de sus hijas comparte con nuestro sitio imágenes del archivo personal.

Sergio Guzmán junto a sus marionetas y títeres de guantes creados con la tradicional técnica del papel maché.

Lo Espejo, en la Región Metropolitana, es su casa; pero hace 84 años nació bien lejos de allí: en  La Araucanía. Fue  donde se enamoró de los muñecos y del mundo que éstos hacían imaginar. Lo ha contado otras veces: tenía sólo 7 años y a la escuela llegó una compañía extranjera de marionetas que le marcó el camino que nunca abandonaría.  

Hoy sus pares y compañeros de oficio lo reconocen y hablan de él con orgullo, consideran que ha dignificado durante más de 60 años la labor del titiritero. Su reconocimiento como Tesoro Humano Vivo, entregado por el Estado de Chile, confirma la trayectoria de Sergio “Tito” Guzmán.  

Postulamos a este creador y soñador de los muñecos, quien ha permitido el desarrollo de los títeres en Chile, ha ayudado a masificar esta propuesta artística y hasta el día de hoy entrega sus conocimientos relativos a la confección de muñecos y técnicas de manipulación. Por sobre todo, resulta excepcional que una persona de su edad aún tenga la energía para salir a trabajar a las calles, pueblos y barrios más populares de la tradición titiritesca, fiel a la transhumancia propia del género”, así justificó la comunidad que lo postuló a Tesoro Humano Vivo, logrando la aprobación del jurado que reconoció en él “el perfeccionamiento y la integralidad de esta antigua práctica, incluyendo la fabricación de títeres, la escenografía, la actuación y la dramaturgia”. En 2016, el comité evaluador valoró, además, el compromiso de Tito con el arte popular chileno.

Motivado por su vocación, el joven Sergio abandonó su pueblo natal e ingresó en la Universidad de Chile para estudiar teatro. Al parecer, en la academia no estaba lo que él quería. Salió de la Universidad para buscar o crear lo que su alma le decía necesitar.

Sobre ruedas, en una micro de Santiago, compartió asiento con una joven con quien hablaron de teatro, pero también de danza. Ella se llamaba Luchita y amaba el mundo del folclor. Allí nació la conquista eterna. Se casaron en 1955 y tres años más tarde, arrancaron un proyecto de vida rodeado de colores, caras, barbas y bigotes, pelucas, trajes y lentejuelas, efectos, papel, tijeras, trozos de género y risas, y muchas historias para contar..

Fue así que en 1958, nación en Santiago la compañía de teatro de títeres Candelilla, Ambos han mantenido a pesar de las décadas un proyecto que es artístico pero, sobre todo, familiar. Su esposa logró convertirse también en un referente femenino de este tradicional arte popular para niños.

Los jóvenes Tito y Luchita. Archivo familiar..

Actualmente, Tito, Luchita y dos de sus hijos –Sergio y Elizabeth (Eli)- siguen dando vida al escenario, a los títeres y a las marionetas de Candelilla, donde él es ejecutor, artesano y escritor de sus propias obras desde “El Rey que no sabía sumar”, el primer guión de un repertorio que lo hace soñar y disfrutar como un niño más.

Tito y Luchita, junto a su hija Eli Guzmán, dedicada hoy al teatro de títeres. Archivo familiar.

Eli Guzmán nos cuenta que cuando niña la visión que tenía “del Tito es que era un papá grande siempre jugando con los títeres; luego en la adolescencia, era mi padre jugando con los títeres y ahora, que es un hombre mayor, lo miro y continúa jugando con los títeres. Lo que más admiro en él es que siempre ha sido consecuente con su trabajo”, dice orgullosa al tiempo de que le desea feliz cumpleaños y expresa: “Papá, me alegro de seguir tu huella”.

«El Castillo», creado en 1970 por Tito, para itinerar en los veranos por los balnearios del país.

La inquietud y las ganas de mostrar su arte lo llevó, en el año 70, a construir un teatro móvil con capacidad para 70 personas, lo llamó “El Castillo”. Con su familia recorrió las playas en todos los veranos, durante casi 35 años.

Primeros años de itinerancia. Foto de 1975 en Viña del Mar. Tito y Luchita junto a 5 de sus 8 hijos: Eli, Marielsa, Sergio, Patricia y Alexis. Archivo familiar.

A pesar de su edad no ha renunciado a las itinerancias propias de esta expresión artística. Y dese el 2004 hasta el día de hoy viaja con un teatrino individual de Candelilla, por distintos sectores y ciudades del país, como mismo lo hizo antes de crear El Castillo.

En Valparaíso 1961. Los acompañan sus hijos Manuel y Pacho. Archivo familiar.

De sus hijos, aunque casi todos pasaron por la compañía dos continuaron en el magisterio titiritero, pero llegaron los nietos y casi todos -con un rol u otro, de una manera u otra- han aportado al trabajo y hobby familiar.

No pudo existir mejor abuelo que el «Tata», dice María Fernanda Neira Guzmán, una de sus 21 nietas. “Siempre nos cuidó y regaloneó a todas sus nietas y nietos. Hemos tenido una infancia increíble gracias a la magia de los títeres. Gracias, Tata, por las risotadas y las historias contadas”.

Durante su participación en un programa de televisión. Archivo familiar.

El mundo de la televisión también contó con el aporte de este maestro del teatro tradicional de títeres, participando en proyectos emblemáticos como Los Bochincheros, de canal 11 y Teleduc, en Canal 13.

Otro de sus hijos, Pablo Guzmán Flores, quiso sumar su testimonio a este homenaje: «Si hay personas a las que admiro y respeto son aquellos que han sido consecuentes con sus ideales y principios. Mis padres son de ellos.
Cada uno, cuando pequeños, soñaron sus vidas. Los títeres y la danza. A fuerza de empuje y constancia, lograron realizar sus sueños y trabajar en lo que les gusta. Y de paso, pudieron criar, educar y formar 8 hijos
«.

Como todo cultor, comprometido con la salvaguardia de las técnicas y expresiones que la comunidad considera parte intrínseca su patrimonio vivo, Sergio Guzmán no ha dejado de enseñar y trasmitir su saber a las nuevas generaciones. En estos días, ante el interés masivo que desató una nueva convocatoria de talleres, está seleccionando a quienes finalmente ocuparon los cupos de este un nuevo ciclo de talleres, que impartirá en el Museo de la Educación, con el apoyo del Servicio Nacional de Patrimonio Cultural y algunos de los integrantes de su familia.

La familia-Compañía reunida. Tito Guzmán y Luchita Flores junto a sus 8 hijos, 21 nietos, 30 bisnietos y un tataranieto.

Varias generaciones han disfrutado de sus historias, de sus muñecos, de su creatividad e ingenio. Tito Guzmán se forjó un nombre sobre la base del esfuerzo e ímpetu, pero su mayor logro es haber hecho de su pasión, una compañía familiar en la que han participado o participan su compañera de toda la vida, sus 8 hijos, 21 nietos, 30 bisnietos y un tataranieto.

En este día, en que Tito cumple 84 años de vida, su esposa y artista nos comenta que «soy millonaria, no en el sentido de lo monetario, si no por la familia que tenemos. Poniendo las cosas en retrospectiva, fue el oficio de los títeres que nos permitió criar a nuestros hijos. Con muchos altibajos. Con dificultades económicas, pero siempre rodeados de amor«.

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